martes, 30 de junio de 2026
La emoción por los pétalos caídos
Tupananchiskama
Ataré mi corazón a la nube de tus pensamientos para no verlo en la mañana más.
Cuando de pronto retumben los cerros
y las personas vengan a velar el silbido de mi pecho horadado,
no tiene nombre ni raíz este peso, jilata.
Este atardecer se deshace, huayno dulce en la boca de mis abuelos.
Te invitaré a pasar esta tormenta en la amplia sombra que adorna mi sonrisa.
Bailaremos huaylarsh hasta despertar a todos los muertos.
A los míos.
A los tuyos.
A los que nadie recuerda.
Tupananchiskama
He visto desgranarse el choclo en todas las fiestas donde faltaba tu voz.
La sangre de los cuyes correr entre las huellas endurecidas de tu ausencia.
A pesar de ello, la alegría se instala en la ventana más alta de la mañana.
El sudor sembrado en cada surco de la jornada más larga.
Te invito a beber hasta que la memoria cambie de dueño.
Así caerán nuestros dientes.
La memoria perderá la mordida.
Ahora que cantan los cerros y la espuma de la cerveza repunta la ola más alta,
Silbarás.
Tú serás la causa de mi muerte.
Ahora que el viento se ha llevado lejos el papil phawaj phujjllana, donde los niños escribían sus caricias.
Tupananchiskama
Vengo a enterrar el ropaje de mi rencor fermentado junto al guiñapo de este sorbo que me anima a seguir y perderme en los caminos en los que nunca nos encontraremos.
El militante de los jardines rojos
Apuntes encontrados junto al cuerpo de un N.
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