lunes, 11 de mayo de 2026

La absurda necesidad de poseer


En el invierno son las lágrimas del hombre más altas y sonoras
Jorge Eduardo Eielson

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Un hueco en el laberinto. Probablemente una falla en la codificación. Respiro a través del jardín. El árbol ha escapado al ocultarse tu alma. Seguimos transmitiendo los eventos humanos. Tengo paralizado el brazo. Mi madre y la cicuta de su amor me envuelven. Ella me quiere libre.

Anoche dejé la ventana abierta para ver los meteoritos sobre la ciudad. Todo arde en el nombre de un girasol. Arqueología en los restos del campo de batalla, en la sábana del amor desapareciendo en cada célula extraña. Volveré a ser otro. Tarde o temprano volveré y no me encontrarán.

El polvo espacial fecunda el vientre de Liu. Podría pasarme la vida reconstruyéndote a imagen y semejanza de la bestia que trepa por mis ojos. Podría pasarme la vida dentro de una pastilla dulce. Un bello cerco de sauces meciéndose en lo lejano del borde de la noche.

Adivinas en las manos el arma que dio el color al circo del rey. Podré reír en la corte de los astros. Podré reír con los huesos de todos los que amo. Liu se pasea entre las finas hierbas que aparecieron mientras cantábamos. Liu atraviesa las ramas igual que un animal perdido en otro planeta. ¿Liu acaso temes saltar de rama en rama hasta caer?

Liu, mi corazón es una astilla que duele.

sábado, 9 de mayo de 2026

La tecnología de la resurrección


[432]

Quizás el milagro, es solo haber llegado hasta aquí.


[973]

Deja que el canto de los batracios oxigenen tu sangre, en su oración, que no es distinta a la de tu madre, ambos ascienden al cielo para esgrimir un pacto. En mi ascendencia ellos trepan aguas arriba en el río para morir mientras yo vuelvo a mi infancia en compensación o en el equilibrio justo del mundo.

[873]

¿Has oído a la violinista Soviética?
Realmente pensé que era libre. Pensé en saltar por encima de las butacas, desnudarme y gritar como un recién nacido en contra de todos; pensé en correr por los jardines de Versalles observándolos.
Ella
Hermosa y metálica como un satélite inalcanzable.
Aún todo estaba cubierto por la niebla y sus memorias eran páginas blancas donde escribir.
Yo dejé en ellos una herida que no podrán curar