sábado, 23 de mayo de 2026

Las nuevas voluntades



—Pero recuerda esto.
—Dime, muchacho, ¿por qué insistes en pensar en ella? En esa mujer que despierta junto a desconocidos.
—¿Quieres saberlo?
—Sí.
—Porque ahora puedo hacer una lista con las cosas capaces de acelerar mi corazón.





AVENIDA PRIMERA
ELLOS NUNCA NOS RECORDARÁN




—Definitivamente algo había cambiado.

—No era el otoño. Tampoco alejarnos de mercurio retrógrado.

—La sexta extinción ocupaba todas las pantallas. Y la decepción más grande era que la especie humana no estuviera en la lista.

—Los días son transparentes. La idiotez colectiva también.

—No tengo nada que reprochar. Puedo sentarme a ver el fin del mundo una y otra vez con una copa de vino blanco entre las manos.

—¿Y todavía esperas algo de nosotros?

—Padre, por fin sé de propósitos.

—¿Qué encontraste?

—Un motivo para acariciar la paciencia que creía perdida.

—Yo pensé en alguna lucha. En un tigre deshaciéndose minuto a minuto entre resplandores.

—También vi ejércitos paralizados por el miedo. Una lágrima creciendo igual que una bestia sobre las ciudades.

—Las calles estaban abiertas. No había ningún mineral bajo ellas.

—Te cuento en las noches con un cuchillo en la mano para no olvidar el ritmo de la respiración.

—¿Y la luz?

—Permito ese haz solo para no olvidar la belleza de la oscuridad. Y tu nombre colgado del techo con la determinación de seguir muriendo a cada instante.

—Mis piernas admiran esa determinación.

—Lejos de este conglomerado de estrellas respira un objeto olvidado por los hombres.

—¿Qué observa?

—El momento preciso de nuestra colisión.

El comunismo Celestial

En un arrullo, pequeña, te entrego a la luz.
Deberá ser una flecha de luz, cuando los murmullos
La encienda, ardiendo iluminada.
Osip Mandelstam


LA LUZ ANTERIOR AL SOL


—¿Ángeles?

—Querida, lo que te precipita contra el mundo son esas alas. ¿No lo ves? Yo también giraba ayer como un pequeño dios; un ojo entre las multitudes. Conocí el rostro de la fortuna. Respiré junto a su ruido.

—Mira. Ten en cuenta cada parpadeo con el que te elevo, cada instante donde nos hacemos uno. Yo dialogo con las partículas que rodean tu cuerpo. Amo ese imposible donde mis ojos caen a tierra como satélites.

—¿Y después?

—Por la belleza del fracaso. Por este acabarse la sonrisa de tanta ira. Llegué para que buscaran mis restos como nuevas constelaciones en el universo.

—Te vi en la memoria blanca de un accidente de tránsito. Sin testigos. Las contusiones. Los alegatos sin sentido. Tambaleabas en el centro de la precariedad. Eras una columna de humo mientras ascendías y nadie podía creerlo.

—Lo cierto es que tocabas el cielo.

—Y no pertenecías a ningún reino terrestre.

—También sueño esa maquinaria que devuelve el aliento a las aves que caen confundidas al centro de la tierra.

Nunca dejes de ser panq

A todos los aviones se los termina tragando el cielo






Sí, las flores de cerezo en las escuelas públicas de Japón descienden, no tengo una imagen que pueda dar claridad a este intento lejano, todo lo real y sagrado se erige en la niebla. Cuando veo por la ventana de mi habitación sin poder distinguir ningún cielo, ato fuertemente mi mandíbula a mi cabeza, las palabras son espuma constante mientras pienso en el mar. Intento dar una proposición bajo por la cual se rijan los astros y empiezo a girar sin control. No habitamos ni el día ni la noche. La respiración aviva este fuego en los pulmones sobre el que caminamos lentamente. Huelo las flores del cerezo abducido por un antiguo sueño. 
El ave es bella a pesar de la inmovilidad que la eterniza en un papel.

viernes, 22 de mayo de 2026

El extravío de Bowie en el reino celeste

Todo lo relacionado al fuego es un trance revolucionario


Sálvate a ti mismo.

Recuerda los caminos donde el polvo es un animal primordial.
Recuerda el sabor de la última gota en la botella, sedienta de historias.

Recupera el aliento.
El ritmo frenético de los tambores coronando la caída mutua.

Apresura el paso.
La noche siempre llega a sorprenderte de frente.

Cierra los puños,
como si arrancaras del vestido del cielo un valioso recuerdo.

Sálvate.
Te lo digo desde mi extravío,
desde el bullicio de mis ríos subterráneos.

Sálvate.
Deshazte de tus dientes y de tu cabellera de fuego.
Deshazte de tus ornamentos de mendigo,
brillantes y hermosos;
de tus harapos endurecidos por el amor.

Apresura el paso.
Vienen por ti,
y el futuro necesita la redención de tus actos.

Sálvalos.
Ellos jamás lo imaginaron.
Jamás te verán entrar en la tarde de todos sus anhelos,
como la escena encintada de un crimen pasional.

Sálvalos de su locura.
Aliviana su peso.
Carga con sus sombras.

Pero recupera el aliento.
Camina y sigue la estrella que arde en su memoria.
Camina sin importar el derrumbe de sus sonrisas de fantasía.

Cierra los puños.
Sueña.
Sálvate.

Piérdete en la deslumbrante travesía del mundo cuando desaparece.

Sueña.
Suéñate.

Sueña.
Sueña la hora dorada
donde la vida romperá tu cuerpo como una ola.

miércoles, 20 de mayo de 2026

El templo del óxido


Espero que te hayas ido sonriendo
Como un niño
En los serenos vestigios
de un sueño.



[391]




¿Qué reinos se asientan en el fondo de la memoria, príncipe de la niebla? ¿Qué cuerpo se disuelve ante tu primera bocanada de aire? Ya no son el jade ni el oro quienes alimentan la locura de tu aparición. Nadie podría concebir la maravilla que se ha ido forjando desde la primera visión de tu figura atravesando los pasadizos subterráneos de los territorios negados a la luz.

Criatura de jardines de fantasmas: tu única posibilidad de hacerte uno con las partículas que devoran embarcaciones gigantescas aparece frente a ti. Una nube cálida borra los recuerdos. Pariente de la muerte, has abandonado tus huesos en continentes que cabalgan dimensiones invisibles, mientras las corrientes del mundo abren sus compuertas bajo tus pasos.

Primero la nomenclatura fue precisa. Después desataste los nudos de la carne en el festejo que corona la sonrisa mientras se desgrana, como un resplandor atravesando la médula de los cuerpos.


lunes, 18 de mayo de 2026

El invierno que prometiste


Invierno del 1473


Porque, a pesar de todas estas muertes sucesivas, de la idiosincrasia del agua y de todo objeto celeste, me cuestiono este cúmulo de nubes en el pecho; este despertar en cada gesto que me empareja con la muerte. Pues, debido a ello, puedo descansar esta turba de colores en la hierba.

Porque, a pesar de ser cierto, de creer en la supremacía del oro bendito de tus alucinaciones, a pesar de todo esto, puedo hundirme lentamente en el sueño de los metales más preciados que gravitan en torno a la idea fabulosa de tu existencia eléctrica.

A pesar de la muerte misma, instalada en este reino donde los pájaros se estrellan a tus pies, confundidos, como yo en este instante en que se quiebra el universo. He pasado días pensando qué hueso le corresponde al esqueleto de esta galaxia, y no he hecho más que sentir mi corazón de terciopelo consumido por lo verdadero.

Doy vuelta a mis bolsillos como si de mi propia piel se tratase, para encontrar las flores que recogí durante estos últimos años. Le doy vuelta a mi alma, la que regresó esa noche, y la tiendo al sol: es una sábana blanquísima brillando bajo todas las constelaciones, con nuestro torso tatuado. Igual que el manto de Turín, que, a pesar de ser una mentira, es la mentira que más amo mirar con los ojos del pequeño que era, atravesando el fuego y perdiéndose en ese trance inacabable de caballos cabalgando fuera de los reinos de la muerte.

Anhelaba ser una aurora boreal en los confines de la conciencia; a veces mía, a veces la de un colibrí con la fortaleza de un toro de Lidia, vestido de sangre sobre un cuerpo de campos verdes.

No podría darle nombre a este río del que todos hablan, a pesar de su transparencia, a pesar del lodazal que odian y donde florecen los nenúfares que nadie ve. El sol cae junto a la mentira que enarbolo, la misma que blande tu aliento, al unísono de una estructura mayor que desconozco, pero que hace vibrar mi futuro y me concede un golpe contra aquello que temo y que, a su vez, es lo más sagrado que no ha dejado de acompañarme cada noche.

A ustedes, por todas las razones. Aunque ninguna sea suficiente ni verdadera.


sábado, 16 de mayo de 2026

Mucho después de que los imperios caigan

***

Aguanta la respiración
Sumérgete

Este juego es solitario

***

Una casa custodiada desde el amanecer. Mi casa. Se abre un camino fuera de la primavera. No conozco el nombre del milagro, ni las gotas que se filtran entre sus vértebras. Se cierra el camino y la nube sigue su rumbo. La corriente me permitió avanzar, respirando el mundo mientras cantaba: “Miren sus piernas endurecidas por el dios de las alucinaciones, miren desde la cima de su ruina”.

Así enloquecimos con el canto de las aves, enloquecimos bajo el aire agitado de sus alas. Es la ventura del hombre: esta dentadura frágil, prisiones celestes en peregrinación hacia el centro de las tormentas. Encendidos en la memoria volátil del cáñamo, brillamos desde el exilio deseado. Convulsionamos ante el orden natural del día. Mantuvimos en cautiverio el fuego preciso.

Proclamamos nuestra la tierra donde las ballenas van a morir, la espuma prodigiosa de sus bocas en la arena. El primer desgarro de carne volando lejos de la unidad pensada. Los territorios donde solo las suposiciones vuelven ciertos los abismos.

Pequeños suicidas, conocen la extensión del imperio de la voluntad que ha derribado toda frontera. El éxodo de la luz por la selva ha dejado a la noche con un solo órgano vital e indescifrable.

La mecánica de la sombra en la cuadratura del cielo.