IMAGINA(RIO) poesia visual
Tengo una bala en la cabeza repleta de lluvia
lunes, 6 de julio de 2026
La levedad del plomo
Las ironías de la luz
[…]
Las historias de amor se parecen a los tráileres de terror, sobre todo cuando nadie sobrevive. Muere la multitud que habita en mí. Solo permanece el más estúpido. Te observo con el asombro de quien contempla un anime japonés: desconoce su idioma, fracasa al descifrarlo, aun así queda cautivo por la belleza de sus secuencias. Te recuerdo con la fascinación de un niño frente a su primer incendio y la obstinación de fundirse con su respiración ardiente.
Hoy no tengo palabras. Apenas puedo hablarte de las historias de amor, sobre todo de sus fracasos.
Ayer pensé en la fragilidad de nuestra cocina. Un jarrón y un cuchillo de hierro caían al mismo tiempo. Mi cuerpo eligió salvar la porcelana china antes que el metal. Tal vez el orden natural de las cosas consista en proteger lo frágil. Los más duros nacimos para el impacto.
No lo digo con heroísmo ni con ternura. La casa está vacía ahora. Aunque nunca tuvimos una.
domingo, 5 de julio de 2026
Los conflictos de los pájaros
[...]
Puedes darme un refugio, busco un lugar para esconderme, puedes apagar el sol y dislocar tu mirada hacia arriba, ¿Puedes ver esta revuelta que se ha iniciado en mi? Puede tu cámara capturar algo de lo que soy, para llevarlo como si fuera un órgano vital, como si en realidad fuera a perder la vida sin él.
La magnificencia de Chab
[...]
13. Fueron momentos realmente abrumadores, aquel fuego podría haber explicado la pintura de Chab. 53. En Polonia las plazas están vacías, exponen con dificultad sus sombras. 01. Es momento, caminaremos contra sus voluntades. 83. La verdad, hubiera preferido verlo hundirse como el sol, así lo recordaría, disuelto en colores. 43. Nacido de otras latitudes se recuesta en la cordillera, ¿Sabes que pudiste volar? Te recordaría cómo un ángel en la historia de nuestros fracasos. 32. Por ahora todo es una coincidencia en nuestro país actual. 17. Ninguna luz tuvo el hedor de aquella que te revestía. 93. De cualquier manera el fuego se hubiera expandido. El fuego lo hubiera purificado. El fuego lo hubiera llevado lejos. 00. Hubiera podido mantener algún prestigio a pesar profundidad del corte. 61. Los primeros tiempos de la prohibición me pertenecen, recuerdas al hermano de B. podría considerar que luego de la primera ráfaga, se convirtió en un animal de mito para mi. 87. Fue su casa y la figura diluida de Chab, quién transformó la noche. 93. Verlos correr desnudos a través del humo, es algo que no olvidaré. 11. Verme correr desnudo a través del humo es algo que no olvidarán, también el humo puede enloquecer. No solo se levanta contra el cielo. Como un digno enemigo, es un aliado que se eleva para dejar la tierra. Un animal de memoria confusa. 44. Desde aquí te veo a pesar de la ceguera, perfectamente, entrando en él, en sus visiones, en el ritmo magnético de sus predicciones. 67. El agua lo ha cubierto todo.
miércoles, 1 de julio de 2026
La demencia de los cuerpos de Lewy.
[…]
Cassius Marcellus Clay irrumpe en el mundo. Canta con un tobillo lastimado por la luz. Canta y es la voz de todos los mendigos en las batallas desconocidas, en los pueblos inexactos. Canta con un lenguaje parecido al agua del jarrón que rompió cuando niño.
Cassius se mueve con la misma velocidad de las montañas, imperceptibles al ojo humano. Observa e intuye a su enemigo en la espesura de su ceguera. Canta y lo escucho con la intimidad perfecta de una piedra.
—Hey, muchacho, sé una lanza; aunque solo puedas serlo por un segundo, aunque pienses que no eres capaz de alcanzarlo. Hubo días en que nunca pude alcanzar sus ojos. Ni en el escenario más iluminado de la noche estelar. Sé una lanza. Húndete hasta sentir que no puedes volver atrás, aunque lo único que te sostenga sea el aliento que alguna vez fue suyo.
Apuntes sobre el aburrimiento
No creo equivocarme si digo que todo niño tiene muy a menudo la idea de matarse, y que también lo intenta, pero luego, sin embargo, no lo hace o no lo logra. Eso se siente muy intensamente de niño. Viene una oleada, entre los siete y los doce años o cosa así, luego amaina un poco, y uno se hace más resistente, creo, y luego viene otra vez una fase muy sensible entre los dieciocho y los veinticuatro, y quien la supera llega sin más a los cincuenta y se casa y entra con la cabeza alta y corazón batiente en la vida normal. Luego la gente, a partir de los cincuenta, empieza a pensar otra vez. Entretanto, los matrimonios han fracasado, los hijos se han vuelto todos espantosos y la ingratitud es el salario del mundo.
Hasta hoy, he querido matarme a cada instante. Pero como no lo he hecho, debo de estimar la vida más que todo lo demás. [...] Según los informes médicos, realmente tendría que estar muerto hace ya años, llevo años sobreviviéndome a mí mismo. De algún modo, la muerte... bueno, no tengo miedo en absoluto, me es completamente indiferente. En realidad no comprendo el miedo a la muerte, porque morir es tan normal como comer. Miedo tengo a veces de la gente, tal como es, pero de la muerte no puedo tener miedo. ¿Qué pasará, cuando ya no pueda más? Entonces dejaré de vivir... se lo aseguro. En calidad de inválido, desde luego, no seguiré viviendo. Esa posibilidad la tiene todo el mundo, en todo momento. La cuestión es sólo con qué. Pero una existencia en la que no pueda actuar ya como quiera me resultará de todas formas difícil, aunque, en cualquier caso, nunca lo haría. Cuando de algún modo estás hundido, hay horrores caritativos que encuentran todos, de alguna manera, el Reino de los Cielos, pero nada más. Empezando por los Caballeros de la Orden de Malta y acabando por qué sé yo qué, todo es repulsivo.
THOMAS BERNHARD
martes, 30 de junio de 2026
La emoción por los pétalos caídos
Tupananchiskama
Ataré mi corazón a la nube de tus pensamientos para no verlo en la mañana más.
Cuando de pronto retumben los cerros
y las personas vengan a velar el silbido de mi pecho horadado,
no tiene nombre ni raíz este peso, jilata.
Este atardecer se deshace, huayno dulce en la boca de mis abuelos.
Te invitaré a pasar esta tormenta en la amplia sombra que adorna mi sonrisa.
Bailaremos huaylarsh hasta despertar a todos los muertos.
A los míos.
A los tuyos.
A los que nadie recuerda.
Tupananchiskama
He visto desgranarse el choclo en todas las fiestas donde faltaba tu voz.
La sangre de los cuyes correr entre las huellas endurecidas de tu ausencia.
A pesar de ello, la alegría se posa en la ventana más alta de la mañana.
El sudor sembrado en cada surco de la jornada más larga.
Te invito a beber hasta que la memoria cambie de dueño.
Así caerán nuestros dientes.
La memoria perderá la mordida.
Ahora que cantan los cerros y la espuma de la cerveza repunta la ola más alta,
Silbarás.
Tú serás la causa de mi muerte.
Ahora que el viento se ha llevado lejos el papil phawaj phujjllana, donde los niños escribían sus caricias.
Tupananchiskama
Vengo a enterrar el ropaje de mi rencor fermentado junto al guiñapo de este sorbo que me anima a seguir y perderme en los caminos en los que nunca nos encontraremos.
El militante de los jardines rojos
Apuntes encontrados junto al cuerpo de un N.