sábado, 11 de julio de 2026

tú puedes oír cómo la luz de las estrellas se chocan contra la ventana

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Jardines flotantes, no era un color, quizás se permitiría romper el brazo que le negó retener la visión. Tarde, por la mañana de piedras veneradas, era rumor ancestral, viciado en cada célula. Que idioma es el que te hace uno con el ruido inalcanzable de langostas, en contra de la memoria. Un laberinto para este caminante que cae en el mundo desde lo más alto. Piérdete, bestia tierna en los evangelios del ayahuasca, hermosa enredadera que da muerte al árbol que respira por encima de los organismos fundamentales. Mi ser es otro, su reino de súper héroes vencidos, tu máscara dorada en la noche sin retorno. Termina pronto con esta columna de humo, está conformación de niebla, de átomos egoístas, descifra este teorema absurdo, esta burbuja de vacío. Yo no era sino él. Yo no era sino él. Yo no era sino él. La casa sin puertas deja escapar al asesino, ¿tú lo recuerdas no es así? la voluntad del templo es reducirte a cenizas en el punto que olvidas tu conformación, escucha a quien te aguarda entre tormentas, escúchale, su desaparecida lengua tiene un secreto para ti. Mastica tus dientes, tu no eres sino él. Escribe pronto la historia que deje a los hombres sin tierra firme, destruye todo cuando veas, necio comerciante de perfumes baratos, ella es tu abismo. ¿Comprendes? sus palabras son el mercurio que te va matando. En sus montañas sagradas entierran lo que nunca tendrá un brote. Tú, glaciar. Delicadezas que se cuelan entre peluquerías, este niño no tiene nombre. Por favor amalo porque a pesar de no ser nadie viste un cuerpo. Invisible. Al otro lado duerme un guerrero que no supo que batalla era la que se encargo de liberarlo. Mi ser es otro y mi reino se instala en los basurales del corazón. Mi ser es otro, Xochipilli, viejo ciego cubierto por la vitalidad de la semilla, mi ser es otro y no lo recuerdas. Escúchate, el agua no canta el giro de los anillos de saturno, pero aún no es comparable al polvo que se acumula en los anaqueles de los libros de la derrota. Ese mar muerto te recuerda a tu padre, ese mar muerto te recuerda a tu padre, a toda tu familia en extinción. Niebla, conjuras niebla con la boca rota por una estrella afilada, conjuras, bebes e inhalas probabilidades efímeras, yo me pierdo en mí, todo se ha ido separando bajo la matemática estricta del primer llanto. Esta alameda debió llevarme hacia a un muro impenetrable. Echa las cartas y di que la criatura más hermosa borro la memoria de todos, esta carta contiene la muerte de un planeta y el canto de un pueblo por la luz enorme que los deslumbra, ¿entiendes el juego? Sembraremos los dientes de los niños extraviados, las madres cantarán de alegría. Fecundidad, en vientre de su primogénita es azul y es un planeta de agua. La niebla me permite advertir lo infinito, mi oración definitiva. Este soy yo. Adviertes el humo que alcanza el cielo, nací ciego, y no era yo, quien repartía los cráneos brillantes, en su batalla me alcanza a decir -Eres tú-.
Yo tengo un nombre una niebla, hermano preciado, triste por no decir triste. Poseo y me avergüenza este artificio de luces. Pálido entre la mañana motorizada te desprendes, en la mañana articulada. Allí estabas tan seguro de saber que tu pacto no sería olvidado, allí estabas militante absurdo. Tu eres el otro, el ser, el convencido. Que hablas cuando exaltado por las multitudes te marchitas en los cementerios, ángel ridículo. El latido del ser a quien odias te puebla, el otro, el resentido. Lo amas en secreto, pero ningún fuego te mostrará su sombra. El otro, yo soy el quien esconde las armas para que lo niños jueguen a las escondidas, tarde o temprano te alcanzará su verdad. La música siempre fue el consuelo de quienes capturan el universo en los segundos, el consuelo de quienes perdidos lidian con el otro, ensimismados, ves una ruina al final del día, la derrota corrige mis pasos, piensa en el otro que te observa diariamente. Enciende un cigarrillo, te lo digo necio, también el Sputnik te observa, los bombarderos han partido toda la noche de Azerbaijan, no te preocupes por nada el tiempo y las balas son parientes amables, la memoria un animal que huye. ¿Eres el otro no es cierto? Xochipilli redimido atraviesa los jardines entre el canto de los niños santos. Las aves no ha dejado de caer como lágrimas sobre la tierra que los abraza.
Los cánticos empiezan los rituales se instituyen, en la mesa.
Te jazmines para los que se fueron.

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