Espero que te hayas ido sonriendo
Como un niño
En los serenos vestigios
de un sueño.
¿Qué reinos se asientan en el fondo de la memoria, príncipe de la niebla? ¿Qué cuerpo se disuelve ante tu primera bocanada de aire? Ya no son el jade ni el oro quienes alimentan la locura de tu aparición. Nadie podría concebir la maravilla que se ha ido forjando desde la primera visión de tu figura atravesando los pasadizos subterráneos de los territorios negados a la luz.
Criatura de jardines de fantasmas: tu única posibilidad de hacerte uno con las partículas que devoran embarcaciones gigantescas aparece frente a ti. Una nube cálida borra los recuerdos. Pariente de la muerte, has abandonado tus huesos en continentes que cabalgan dimensiones invisibles, mientras las corrientes del mundo abren sus compuertas bajo tus pasos.
Primero la nomenclatura fue precisa. Después desataste los nudos de la carne en el festejo que corona la sonrisa mientras se desgrana, como un resplandor atravesando la médula de los cuerpos.
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