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Aguanta la respiración
Sumérgete
Este juego es solitario
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Una casa custodiada desde el amanecer. Mi casa. Se abre un camino fuera de la primavera. No conozco el nombre del milagro, ni las gotas que se filtran entre sus vértebras. Se cierra el camino y la nube sigue su rumbo. La corriente me permitió avanzar, respirando el mundo mientras cantaba: “Miren sus piernas endurecidas por el dios de las alucinaciones, miren desde la cima de su ruina”.
Así enloquecimos con el canto de las aves, enloquecimos bajo el aire agitado de sus alas. Es la ventura del hombre: esta dentadura frágil, prisiones celestes en peregrinación hacia el centro de las tormentas. Encendidos en la memoria volátil del cáñamo, brillamos desde el exilio deseado. Convulsionamos ante el orden natural del día. Mantuvimos en cautiverio el fuego preciso.
Proclamamos nuestra la tierra donde las ballenas van a morir, la espuma prodigiosa de sus bocas en la arena. El primer desgarro de carne volando lejos de la unidad pensada. Los territorios donde solo las suposiciones vuelven ciertos los abismos.
Pequeños suicidas, conocen la extensión del imperio de la voluntad que ha derribado toda frontera. El éxodo de la luz por la selva ha dejado a la noche con un solo órgano vital e indescifrable.
La mecánica de la sombra en la cuadratura del cielo.
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