viernes, 23 de octubre de 2026

Érase una vez

"Mi corazón está en ruinas pero a todo color"

Para Brenda



Eiti Leda, 23 de Octubre, sostengo:

Precisamente, no fuiste algo que siempre atesoré. Mentiría con soltura al decir que te llevaba conmigo, soñándote como un amuleto contra mí mismo, un artefacto totalmente inservible. La rabia invade este recinto con violencia. Procuro una mentira más para mí: «Todo estará bien».

Esos domingos sin tristezas nunca se alejaron. Quizás por un tiempo fueron llevaderos ante lo implacable de lo cotidiano. Pero había un vacío en el que calzabas perfectamente. Una pequeña guerrilla donde amábamos quedar desarmados, sin motivos ni razones. Entonces nuestra alianza era posible. Ya ese sol que se colaba por la ventana oeste de la habitación que era nuestro hogar no existe, pero la calidez de esa mentira que sostuvimos con gran habilidad nos reviste sin tregua.

Será en otro momento. Ahora que lo he visto todo a través de ti, me parece esta lluvia de días una broma de mal gusto. Ironía pura. Por las mañanas, en mi mente, siempre humea el café que no puedo beber, al igual que esa presencia inconfundible que no puedo sostener.

Tardé mucho en entender tantas cosas alrededor de todo lo que no tiene sentido. Tarde, como siempre. Ahora reposo mi alma como un té filtrante para adormecer algún pensamiento, obviamente desatinado, pero totalmente necesario.



Viernes 3am, 24, la respuesta amada:

Pues no lo sé.

Sólo comprendo que las palabras se adormecen y el cuerpo nace entre tus infinitas colchas rojas.
De tu sonrisa terminando en mis labios.
La paz de las olas en nuestras manos, que se desvanece cuando no estamos.
En caer en el mismo error de la alegría injustificada todos los fines de semana.
En el «te extraño» que no quieres.

Porque a las cuatro de mi interminable insomnio tu voz se hace más clara.
Porque no te tengo.
Y si te tengo, reposas como agua en mis manos, frágil ante la debilidad de mis dedos.
Humedad insoportable de la piel del recuerdo.

Porque te pierdo todas las noches en el caos de tus constelaciones. Mi vista se cansa, pero te espero.
Y regresas despacio a nuestra cama, deslizándote suave entre las sábanas blancas. Veo tu cuerpo cubierto de bellas palabras y pedazos de estrellas, mas no te digo nada. Es tiempo de dejar entrar tu abrazo en mi cuerpo.

Me preguntas por qué te quiero.
¿Ves que me perdí de nuevo?
Ya no me pidas que explique cosas que no comprendo.
Y aunque lo niegues, tú sabes a qué me refiero.

(Meinhof, 1976)

jueves, 22 de octubre de 2026

Elementos inestables: La vejez de los peces



*
Pienso en ella hundiéndose en su cuerpo
Me gustaría tender mi sombra
Dar siempre el paso equivocado
Todo esto es sobre ti.
Todo se quema
La memoria es fuego.
¿Debiste entenderlo?
Ese brillo invencible era nuestro.
Nos columpiábamos entre los días.
Dijimos:
Descansaremos,
Dejaremos nuestros nombres arando la tierra
Dos hermosas bestias.
Esta es otra forma de sobrevivir:
Todo es sobre ti, y sobre nada.
Sobre este increíble cielo que nos devora.

martes, 20 de octubre de 2026

 [...]


Mi hermano, imposible en la nomenclatura humana. Raíz fundamental en lo incierto. Bailamos toda la noche, hasta que el negro fue el reino absoluto. Balancearse. Tomar la cuerda girar como monos. Juego artificiales incandescentes en la memoria. El olor del licor y la canela. Este traspié fue el mejor paso de la historia. Después de aquel aparatoso accidente de la bella princesa de la realeza. No me detuve sino hasta que ya no hubo noción del camino. Entonces supimos con certeza el movimiento de cada planeta. Nos deslizamos sin problemas montaña abajo. Prometiste hablarme de cada especie, aún de las no observadas por el hombre. Pero mi pregunta era mayor. Qué podría decirse de nosotros. Hablamos de ríos que devoraban poblados enteros. Quizás comprendí. Este acercamiento al sol. Ese dolor que acompaña a los que no han iniciado el viaje. Pero transparentados en respiración novísima de la tierra. Avistamos nuestras sombras. Las bandadas de papagayos huyendo. Golpeándose entre sí. En el desconcierto. Ceremony en nuestras cabezas después del estallido de los parlantes. Todas las botas hundiendo la tierra. Recuerdas el sonido seco en la nuca. Te vi ligero. Acompañado de las plumas de colores que caían. Momentos después de el acto de magia. Momentos después de abrir todas las puertas. No queríamos ningún sol en la habitación. Alternancia de luces indescifrables. Fue un accidente donde nuestros nombres quedaron grabados. Héroes mediocres. Nadie habla de estas hazañas. Qué podría decirse de nosotros. Saltando entre las ramas de la mañana clandestina. Yo tartamudeo la melodía que hace que sepamos la distancia que nos separa. El río se ha llevado las voces de los niños para esparcirlas por la selva y los alto parlantes.


Memorías Geométricas, 1234

Asociasión libre en los talleres de niños en Rostov

 [...]

73. Olía a mar. 43. Ya lejos es imposible. 21. Cuida de él y de su rabia. 34. Repetirse una y otra vez como en los álbumes de los mundiales. 22. Nuestro tesoro es la distancia que construimos cuando el muro de Berlin caía. 00. Descubrimos la posibilidad de ser invisibles. 98. Radares soviéticos rastreando la superficie del espíritu de mi abuelo en el hospital de policías. 82. Una breve memoria sobre el vuelo de Gu Gan perseguido por hormigas en Vietnam. 62. Todo esto sucede mientras le arrebatas otra bocanada de aire a quién sumergido divisa un cuadro de Paul Klee en el océano.

Asociasión libre en los talleres de niños en Rostov.

Febrero del 32.


jueves, 15 de octubre de 2026

Cero absoluto, 1586.



[...]


¿Acaso habías visto algo como esto?

Tenía que ser así. Yo habría preferido un final más violento. Tú sabes, el recurso inagotable de Tarantino. Pero no pude con el peso. Empecé este viaje sin mí. El desierto es un animal precioso y el cielo me eclipsa por dentro.

Ella tenía nubes en el pecho. Yo, un abismo. Ninguna cuerda alcanzaría.

Llevaba tiempo sumergido, reteniendo la respiración, impidiendo que Dios se filtrara en mí.

miércoles, 14 de octubre de 2026

La certeza del necio



*
Así se mueve el mundo. Soy feliz porque no tengo opción. Sonrío con los dientes torcidos y el cabello desalineado. Sin astrología ni sentido. El día arranca torpe. Puedo enamorarme y arruinarlo sin esfuerzo. Xiu Xiu y Crystal Castles llevan horas sonando, convulsionando en el cielo. Espuma en sus bocas. Deidades psicodélicas, rápidas como animales de vapor. Persisten porque no saben detenerse.
Aspiro el aire más limpio de este vertedero. Empiezo a brillar. No es cine barato. No lo es. Bailemos. Descoordinemos bajo cualquier luna. Voy a arrancarte ese calambre que te sacude cada noche. Ese calambre que insistes en llamar alma.
Esta noche me iré con Alice Glass a ver el agujero en la capa de ozono. Nada va a cambiará. Solo los errores se harán más claros.

La anarquía de la ternura



LOS NIÑOS NO CREEMOS EN LA MUERTE


Porque desde la niebla los observo 
mejor que nada y nadie.
Todo sigue su tránsito.


Esta mañana desperté y pensé de inmediato: «Oh, Dios, otra vez sigo aquí». Algo anda mal. Todo es perfecto, con ese brillo palpitante en las cosas que rompe el compás de lo ordinario. Existe otro verdadero milagro que pasa desapercibido cuando los sentidos están excitados. La imagen de la infancia me trae un recuerdo nítido de los juegos mecánicos que sobrevolaban a pocos metros del suelo, pequeños vehículos de guerra. Ahora soy un solo ojo, uno inmenso y obsceno, que traga cada escena. Ahora que recuerdo y me alejo de ese brillo inolvidable, como una herida de guerra, recuerdo vagamente la mano de mis padres, la risa de mis amigos, el escalofrío que me obliga a voltear y correr fuera de ese campo de espanto.

Dios ha tenido tantas oportunidades de saldar cuentas conmigo y las ha desperdiciado una a una. Pienso que debe de estar cómodo con mi existencia. Creo que ha de ser feliz con la idea que tengo de él. Ahora lo dejo jugar como un fuego artificial, hasta que cierre los ojos y desaparezca.

Él tiene una idea algo retorcida de la belleza, y yo, de la fugacidad de los instantes hermosos.

La felicidad es un arma que enfría la vida.