Porque, a pesar de todas estas muertes sucesivas, de la idiosincrasia del agua y de todo objeto celeste, me cuestiono este cúmulo de nubes en el pecho; este despertar en cada gesto que me empareja con la muerte. Pues, debido a ello, puedo descansar esta turba de colores en la hierba.
Porque, a pesar de ser cierto, de creer en la supremacía del oro bendito de tus alucinaciones, a pesar de todo esto, puedo hundirme lentamente en el sueño de los metales más preciados que gravitan en torno a la idea fabulosa de tu existencia eléctrica.
A pesar de la muerte misma, instalada en este reino donde los pájaros se estrellan a tus pies, confundidos, como yo en este instante en que se quiebra el universo. He pasado días pensando qué hueso le corresponde al esqueleto de esta galaxia, y no he hecho más que sentir mi corazón de terciopelo consumido por lo verdadero.
Doy vuelta a mis bolsillos como si de mi propia piel se tratase, para encontrar las flores que recogí durante estos últimos años. Le doy vuelta a mi alma, la que regresó esa noche, y la tiendo al sol: es una sábana blanquísima brillando bajo todas las constelaciones, con nuestro torso tatuado. Igual que el manto de Turín, que, a pesar de ser una mentira, es la mentira que más amo mirar con los ojos del pequeño que era, atravesando el fuego y perdiéndose en ese trance inacabable de caballos cabalgando fuera de los reinos de la muerte.
Anhelaba ser una aurora boreal en los confines de la conciencia; a veces mía, a veces la de un colibrí con la fortaleza de un toro de Lidia, vestido de sangre sobre un cuerpo de campos verdes.
No podría darle nombre a este río del que todos hablan, a pesar de su transparencia, a pesar del lodazal que odian y donde florecen los nenúfares que nadie ve. El sol cae junto a la mentira que enarbolo, la misma que blande tu aliento, al unísono de una estructura mayor que desconozco, pero que hace vibrar mi futuro y me concede un golpe contra aquello que temo y que, a su vez, es lo más sagrado que no ha dejado de acompañarme cada noche.
A ustedes, por todas las razones. Aunque ninguna sea suficiente ni verdadera.